miércoles, 31 de diciembre de 2008

Qué gran año...

..Sinceramente así lo creo...Cuántas cosas buenas han pasado estos últimos 12 meses... ¿No os parece?...El problema es que al no ser "noticia", pues eso, que no aparecen en la prensa, ni en las noticias, ni el los realities, pues parece que no ocupan nuestro día a día, pero ahí están...Yo las veo...Por ejemplo, he visto crecer a mis hijos, tengo un trabajo (que hace un año no tenía), Know Square sigue creciendo (yo creo que es mi tercer hijo), Mónica ha comenzado el Doctorado, creo que he mantenido los amigos, y la familia sigue ahí. ¿A quién le tengo que dar las gracias por este año?...Seguramente a tí.

martes, 30 de diciembre de 2008

Amigos por un sueño...

Desde que comenzamos nuestro sueño asturiano, allá por el año 2003, los niños siempre han estado, de alguna forma, a remolque. Primero no entendían muy bien a qué ibamos allí una por vez por mes, sin dejar de hablar con gente y mirar montañas, praos y parcelas... Comenzaron a poner piedras en San Martín del Mar, peros nunca pensaron que la cosa iba con ellos. Y terminaron la casa, y, el día que organizamos la fiesta de inauguración, miraban incrédulos a su padre y su madre, preguntándonos con la mirada dónde les habíamos metido...Hoy ya son ellos los que nos llevan en volandas...Tienen excelentes amigos en Oviedo, en Celorio, en Villaviciosa, en el Club...Tienen amigos por un sueño de sus padres...¿A quién le tengo que dar las gracias por esto?

Haiku - Despedida

Sé que es mi otoño:
llueve pena en tus ojos,
seco los míos.

lunes, 29 de diciembre de 2008

La Caseta

Siempre sonríen cuando entro por la puerta. José Ramón y Esther viven en la carretera de La Coruña...pero en el kilómetro 272... Son grandes aficionados a la pelota a mano: las paredes son fotos y posters de pelotaris, destacando Titín III, de Tricio...Tienen probablemente el bar más modesto de la autopista, pero el que te ofrece el mejor embutido y el más aromático de los cafés... Sin embargo, cuando sales, te das cuenta de que no has vuelto ni por el lomo, ni por el chorizo casero, ni por la cecina...Sabes que has vuelto por ellos, por su sonrisa y por cómo, ya al salir, esperan tu próxima visita.

Haiku...para Clara

Tus ojos negros:
dos guiones abiertos
de cine mudo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Ojos en lágrimas...

A veces las lágrimas empañan unos ojos... Si la herida es algo más profunda, incluso brotan gotas de dolor de ellos...Cuando hay más daño, yo juraría que en realidad es sangre lo que resbala por la mejilla... Pero hay veces - cuando el odio es un puñal egoista, cuando la impotencia que atraviesa el alma es inmensa - que lo único que ves son unas pupilas huérfanas tratando de no ahogarse en un mar salado... En ese momento no encuentro palabras. Sólo una mano fuerte puede ayudar.

¡Basta!

He terminado de leer un libro que se titula así... El autor sostiene, como Pereira, que vivimos en una sociedad en la que parece que nunca tenemos todo lo necesario para estar satisfechos: la única respuesta es tener más, ver más, y hacer aún más. Siempre más. Acabo de tener una conversación sobre drogas y separaciones, que pone los pelos de punta...La raiz del problema es la misma: siempre más...

Van der Rohe ya dijo "Menos es más"... ¿Fue filósofo ó arquitecto?...

sábado, 27 de diciembre de 2008

Fabes con jabalí

Si alguien ha visitado Asturias, pero no ha tomado un plato de fabes con jabalí en La Solana, no puede decir que haya estado, la verdad. Hazte un favor: vuelve, pregunta por Maruja, y prepárate para disfrutar de algo distinto a todo lo que hayas conocido. Si Pepe, mientras tanto, te va trayendo culines de sidra, querrás que el tiempo no pase, que construyan una carcel alrededor de la mesa y que el sol brillante y el cielo azul que el viento nos deja ver, no te abandonen nunca.

Sagrario

Con 83 años sigue bajando a la huerta, día a día, esta poeta de la fesorina y las estaciones. Escribe los surcos de la tierra, acordándose de aquellos otros que le atraviesan en vida, rompiendo el alma a cualquiera que tenga unos minutos y los dedique a hablar con ella. Las prisas no están ni en su calendario ni en sus ojos... ¿Se puede hacer algo mejor un sábado por la mañana?

Haiku

Luz y tinieblas:
firmamento dormido,
gris alboroto

viernes, 26 de diciembre de 2008

Asturias...

No sé si es su olor, su sabor, su aire...o su gente...Pero algo tiene esta tierra. Deberíais probarla. Acabo de llegar, me he puesto a encender al chimenea, y entre leño y leño, culín de sidra para el cuerpo... Sidra hecha en casa de Pepe, el paisano que nos cuida el prao, con manzana recogida de la pomarada que vemos crecer...

¿A quién tengo que dar las gracias por esto?...

jueves, 25 de diciembre de 2008

Haiku

Sótano con luz,
ausencia de certezas:
ronco silencio.

La familia

Creo que hay algo muy especial en mi familia. Los observo uno a uno y no percibes a primera vista nada excepcional. No hay números 1, ni famosos, ni héroes, ni modelos... Pero en conjunto, observando "la manada", la verdad es que su fondo y su estilo impone: normalidad, tranquilidad, educación, humildad, pensar en el otro... Somos millonarios. Cuántas cosas nos han enseñado que son semilla de mil cosas buenas... Que energía y que fuerza me transmiten, la verdad.

Comida de Navidad

Un año tras otro, desde que tengo uso de razón, celebramos la Navidad en casa de mi abuela, ahora de mi tia. Un año tras otro siempre el mismo menú: melón con jamón, pavo asado y fruta. Nada cambia, sólo los asistentes: unos van y otros vienen, pero todos en la familia sabemos que el día 25, si quieres, tienes una silla, una buena conversación, y el mejor pavo que se puede comer hoy en España. Simple, quizás, pero gracias a todos los que lo hacen posible.

Saber ser y saber estar...

Hoy me he llamado un buen amigo, propietario de una empresa que compite con la sociedad en la que trabajo, para felicitarme la Navidad, y pedirme que comparta esta felicitación con mis padres, a quienes conoce, y que si es posible encontremos momentos en 2009 para vernos... Ejemplo y lección de amistad, educación y saber ser y estar...

sábado, 5 de enero de 2008

Epílogo

Como cada mañana, se levantó a las seis y media, un rápido afeitado, un insulso café y al metro, Línea 3, camino del gris hospital. El Doctor David Hurtado llevaba siete años en la misma planta, en el mismo trabajo… desde que ganó la plaza algo más que un diagnóstico incierto le retenía en aquel destino: la habitación 912.

Julia Casares era el caso que día tras día, año tras año, le dominaba… No conseguía explicarlo, ni hacerla mejorar. Tenía una docena más de enfermos en la planta; entre ellos Isabel Díaz, de la 915, con la que Julia pasaba muchas horas del descanso en el patio, Jesús Arana, el anciano de las 901 que no se separaba de Flora Sáez, su amor platónico de la 920, Martín Iglesias, en la 906, el más activo de la planta, el pobre Pablo, con el que nadie hablaba, de la 903 …Pero Julia se había convertido en una obsesión para este joven Doctor, y si otros enfermos le atraían, era precisamente por la relación que podrían tener con ella...

Desde que se levantaba, Julia Casares – treinta y tres años, delgada, morena, pelo corto a lo chico – sólo pintaba, un cuadro cada vez, algunos durante muchas semanas, uno tras otro... Siempre con la ventana abierta y mirando al mar, aunque desde su habitación realmente sólo se veían azoteas sucias de viejos edificios del ensanche barcelonés, a través de viejas ventanas, con un anclaje de seguridad casi artesanal que sólo el personal de limpieza podía desbloquear.

David, a falta de una historia clínica rigurosa, estudiaba los cuadros. Julia nunca le habló en todos esos años, pero le miraba intensamente, con más información en sus ojos de lo que podría leer durante toda una vida… Sólo tenía los lienzos, que David analizaba y observaba sin entender qué intentaba decirle. Porque eran mensajes para él, sólo se los entregaba a David, en las visitas diarias que le hacía, tratando de arrancarle alguna palabra… David se los llevaba a casa, y allí los colgaba, uno al lado de otro, en su cuarto de estar, que estaba ya sólo dedicado a Julia…Cuando volvía a casa, ya tarde, sólo hablaba de ella y de sus pinturas… Marta, su novia de tantos años y por entonces su mujer, ya le había dejado, y es que no pudo superar la obsesión de David por el caso, ni las horas interminables de hospital y de estudio, de lunes a domingo... Eran acuarelas muy intensas, con pocos trazos, pero en los que se distinguían perfectamente los ambientes creados: una habitación, una cama con dosel, una butaca en un cuarto de estar, una escalera, una playa, un bodegón, un fogón de leña, una mesa lista para comer, un fuego, un libro…

David sólo trabajaba con una teoría, inmerso en una línea de investigación: el estudio de la bioquímica del mal de amor, continuando los estudios de la Doctora Silvia Marazzi, una psiquiatra de la Universidad de Pisa… David seguía su tesis, y medía los niveles de serotonina en la sangre de un grupo de pacientes… llegó a hacerlo con treinta y seis simultáneamente, Julia entre ellos. Desde los primeros cursos de la Facultad de Medicina le habían enseñado que la serotonina era un mensajero químico del cerebro, que afectaba al pensamiento, a todas sus funciones, y que, en general, su bajo nivel se relacionaba con casos de depresión… Éste era el diagnóstico que mantenía erróneamente ingresada en el psiquiátrico a Julia, según David, que defendía que estaba sometida a un caso crítico de Trastorno Obsesivo Compulsivo ó TOC. David comparaba los resultados de los tres grupos de estudio: uno de voluntarios sanos, otro grupo de pacientes con TOC, y otro de un grupo de internados con depresión severa y, desde luego, Julia. Pero los resultados no encajaban, los pacientes con depresión presentaban un 40% menos de serotonina que una persona sana, mientras los que tenían una obsesión, tenían un defecto, pero alcanzaban casi el 90% del nivel normal. Julia, en cambio, inexplicablemente, estaba en el primer grupo, sus niveles de serotonina eran ínfimos, sin razón aparente...Estaba claro para David que Julia no tenía depresión, que podría ser un ejemplo entre un millón de un mal de amores crónico, casi imposible de diagnosticar... Ella no hablaba con nadie, pero tampoco era autista, de lo contario ya no estaría en el hospital: desde hace años estaba reconocido que el autismo no era una enfermedad, sino un trastorno del desarrollo, y que su tratamiento estaba más ligado a la atención, a la dedicación y a la repetición, que a las medicinas o los ingresos hospitalarios, siendo además casi inexistentes los casos entre adultos…diagnóstico descartado… Pero los bajísimos niveles de serotonina en la sangre de Julia recomendaron a la familia su internamiento. Realmente estaba allí porque nadie sabía qué hacer con ella, y los doctores del Hospital no querían asumir riesgos…

En una de sus visitas, una mañana, David se encontró a Julia sin su bata, sin sus pinceles, sin pintar, lo que llamó su atención... Había un cuadro en el caballete, ya terminado, firmado y con fecha, señal inequívoca y secreta de Julia para que David pudiera llevárselo. Era el más triste de todos los que había visto: ya oscureciendo, en un camino pedregoso, unos pájaros volando a ras, una mujer agarrada a algo con fuerza, mientras su mirada se dirigía a un camino vacío…

Unas semanas después de aquello, en una tarde oscura, de gris y frio invierno, alguien se dejó mal cerrado el sistema de seguridad de la reja de la ventana de la 912… Nueve pisos acabaron con una vida repleta de belleza latente, de frescura adormecida, de muda energía y de amargada vitalidad… En el Hospital, los doctores más experimentados confirmaron, casi con satisfacción, su diagnóstico inicial después de la trágica muerte: no era sino otra prueba que demostraba la depresión crónica diagnosticada, los niveles de serotonina lo habían demostrado con anterioridad… Todos asentían, excepto David, que no podía seguir allí un minuto más... Pidió una excedencia, y se fue a casa, oficialmente a preparar su doctorado…

Hoy ya han pasado dos años de aquello. David, por fin, ha dormido tranquilo esta noche… Julia está aquí, ha estado mucho tiempo con él, su novela está ya terminada…Además ella y sus cuadros seguirán dentro del libro, la podrá visitar de vez en cuando, estará mucho tiempo más a su lado, podrá seguir estudiándola, seguro, la sacará adelante... Al fin y al cabo, ¿Cuántos doctores no se han enamorado antes de sus pacientes? ¿Y cuántos escritores no se habían obsesionado antes con su protagonista? ¿Y cuántos de éstos no habrían deseado introducirse en su novela, para poder sentarse junto a ella, hablarla, verla de cerca y hasta abrazarla... o incluso modificar el final? Cuadros y descripciones, pintura y literatura, roca y agua, juntos para siempre… Todo un descubrimiento, piensa David, toda una historia para compartir…

© Copyright 2008 - John Keating

10.- Y al anochecer llega el agua...

Hacemos una pausa, mirándonos fijamente a los ojos.

- Tienes una casa maravillosa.
- Te lo dije...
- No creí que fuera así... Después del piso en el que vivías... Has cambiado bastante tu estilo...
- Bueno, en cierta forma fue culpa tuya... Me dijiste que vivía en una leonera, que mi apartamento era la mejor defensa para no ligar jamás, que iba a dejar fríos a mis flirteos de fin de semana nada más entrar en él, que vivía como una asceta... Así que decidí que tenías razón... No podía seguir allí…

Sonrío.

- Deberías reír más, Julia. Iluminas… Y me gusta tu luz.
- ¿Sabes qué?
- ¿Qué?
- Nada, nada…

Tiene la habilidad de emocionarme al decirme estas frases. Nadie antes lo había conseguido de esa forma… David tiene la virtud de alcanzar ese equilibrio, consigue el punto justo, acierta con las palabras en el momento…

- ..Es difícil ser simplemente tu amigo… Y si quiero algo más, echas el freno, cosa que entendería si no estuvieses enamorada...
- Ya ves, cuestión de principios...
- ¿O cuestión de incoherencia?
- ¿Eso crees?
- Sí morenita, eso creo. Si realmente quisieras, lo darías todo. Pero no lo das, no das el paso, no. El peso sobre tu conciencia de que pueda romper algo en mi vida, de ir más allá, te puede más que el amor que sientes por mí...
- Puede ser...
- Pues quiero que sepas, que si estoy ahora aquí, es porque mi intención es quedarme... Y que quizás necesite dar el paso... Y que quizás quiera entregarme en cuerpo y alma... Y que quizás tienes la oportunidad de formar una familia conmigo... Me gustaría trabajar por tu tranquilidad Julia, a largo plazo, siempre estaré ahí, pase lo que pase, y lo sabes…

Y David no sabe que yo necesito su comentario oportuno, su locura, su genialidad, lo que siempre quise; a veces su espiritualidad, otras veces lo común, lo tangible, más cerca de la realidad...

- Mira David, llevamos una larga racha de encuentros y desencuentros…
- Bueno, quizá éste sea uno más...
- Realmente no acabo de entenderte: ¿Qué ocurre? Entras y sales de tu matrimonio como si fuera un cambio de coche. ¿Por qué no acabas de hablar claro y bajas a tus principios, a los pilares básicos?… ¿Qué te voy a dar yo que no hayas encontrado en Marta estos últimos años?… ¿Sólo la novedad?
- Estoy aquí porque creo que ya está claro, Julia, eso es todo... En la ecuación de la vida estás muerta si crees que hay que esperar a que te den todos los datos... Puedes arriesgarte, con información suficiente, sin llegar a tener la certeza absoluta... Normalmente tengo claras las ideas, quizá ésa es una de mis pocas virtudes… Pero contigo no puedo, y de hecho, hasta ahora, no he podido dar el primer paso… Trato de tomar la iniciativa, y actuar con lógica... Aunque sea tan sólo por unos minutos... Pero exactamente, ese es el problema. Lo razonable, la lógica, la moderación, la prudencia, la sensatez... Eso es lo que todo el mundo espera ver en mi vida...
- Pues toma las riendas, David, yo creo que ya eres mayorcito para no dejarte arrastrar más… serás más feliz, sin duda alguna.

Nos quedamos por un instante mirándonos en silencio. La tensión se ha acumulado y la pausa se utiliza para relajarnos de la tirantez inicial... Incluso cuando su cara muestra preocupación le encuentro atractivo… Esta cazadora negra que se pone cuando va en moto le sienta estupendamente… Lleva el pelo más corto de lo normal, con rizos que aún así campan por sus respetos…La barba de cuatro días y esos ojazos verdes terminan por dejarme paralizada, la verdad… No es guapo David, pero el conjunto es de lo más atractivo que he conocido nunca...Tiene las facciones duras, es como si hubiera salido de una de esas fotos de los años 30 del Madrid antiguo… Es persona que sabe elegir la ropa, pero sobre todo las tallas y el talle… y es consciente de que no tiene que gastarse mucho dinero en moda… Si he percibido en él cierta manía por los zapatos, que lleva siempre impecables, por muchos años que tengan… Hoy lleva puesto un pantalón vaquero, una camisa blanca y un jersey burdeos, conjuntando zapatos con un precioso cinturón marrón oscuro… Ahora que le observo, le noto algo más delgado que de costumbre…

- Así que me ves fuerte...
- Claro que sí, Julia, pero también tienes algunas debilidades, sobre todo en lo referente a tu interés en aparentar una actitud de apostolado, de dar testimonio, cuando creo que sólo el humilde puede hacerlo, sólo aquel que ha roto con su pasado, sólo el que se ha negado a sí mismo...
- Quizás yo haya pasado por eso… He tenido varios novios, hace poco lo de mi madre… Y contigo tampoco he vivido en un lecho de rosas...más bien de espinas…
- Si, es verdad, has tenido malos momentos en tu vida… Pero no exageres: de los dos noviazgos fui testigo, y te aseguro que acabaste con ellos arrasando, demoledora... y de nuestra relación, mejor no hablar...
- No lo sé… Yo sólo quiero ser coherente con mis sentimientos, y si tú te quieres subir a este carro, serás más que bienvenido… Quiero lo mejor para ti David, quiero hacerte feliz. Me gustaría volver a empezar, crear un verdadero hogar, tener hijos, y disfrutar de esta vida, que es un regalo de Dios... Pero el orden de las factores, en la relación de dos personas, altera el producto, y de qué manera…
- Y yo quisiera quitarme la máscara, comenzar un camino contigo, Julia.
- ¿Y qué vas a hacer con tu pasado? Has tomado decisiones en él con las que no tienes más remedio que vivir…No puedes cortar y pegar, de aquí y de allá, como si fuera un borrador… Piensa más en los pintores…cada trazo queda, podrás difuminarlo, pero está, es imborrable hasta que la obra esté terminada…
- Bueno, de algo de eso te quería hablar... Estoy sufriendo más de lo que había imaginado... El momento es difícil. Si me lo dicen hace unos meses, me hubiera reído... No pensé que pudiera enamorarme de esta forma…
- Hoy hablaba con Isabel de estas cosas: del que quiere y se enamora al mismo tiempo, enamorarse frente a amar, vivir enamorada o vivir queriendo...que ambas situaciones se pueden dar simultáneamente... y ese es el conflicto. Sé que estás enamorado de mí, está claro, no insistas porque es evidente… Pero a la vez quieres a tu mujer, y esa fuerza te impide dejarla de verdad… y eso hay que hacérselo mirar... Cómo compatibilizar ambos sentimientos a largo plazo, con distintas personas... Creo honestamente que no son más que válvulas de escape a una vida en la que algo no te está encajando, algo falla David…
- Pues yo vengo a quedarme...
- Estás loco…
- Seguramente... ¿No lo habías notado antes?
- Sí, y me gusta…

¡Y menudo conjunto!... De David me gusta hasta su cara de enfado, se me antoja interesante todo lo que hace o dice... Su sonrisa, que enamora, sus ojos que hechizan, sus manos que embrujan y que hacen tambalear los principios, hasta que son finales...

- Caótica relación ésta la nuestra...
- ¿Tú crees?
- Pues sí.
- ¿Y dónde crees que estamos?
- Pues no lo sé, pero creo que cerca del final. ¿Y tú David?
- Después de cómo me has hablado, la verdad que se me están acabando los argumentos…pero aún así, estoy feliz aquí…
- El problema es que no acabas de ser sincero contigo mismo… No parece una decisión creíble a largo plazo… Es casi una reacción de adolescente…
- Es verdad que todo esto tiene algo de misterio, todo tiene su tiempo…
- Sí, pero me estás generando muchas dudas. Soy una pura interrogación en este momento… A veces creo que puedes tener parte de razón, que la vida son dos días y que debería ser más práctica, limitándome al disfrute del momento, sin principios ni lógica, y que quizás pueda estar así durante un tiempo ilimitado... Sin embargo, creo que a la larga, es muy difícil que una relación de este estilo pueda asentarse, y eso sin contar con el ejemplo, el testimonio que estoy aportando a los que me quieren... una hermana, una hija, una amiga ejemplar...¡Já!
- ¿Te están pidiendo que tomes una decisión sobre su vida… o sobre la tuya, Julia? ¿Quién rige tus destinos? … Porque, por ellos, tú sales perjudicada…
- … Mira, yo te quiero con locura, pero nada me compensa que pierdas nada de lo que has construido hasta el momento... Tienes un nombre, un trabajo fuera de aquí, tu carrera de medicina, un proyecto de vida... Creo que has aprendido mucho de esta amistad, te has enamorado de una amiga a destiempo, y ya ves cuales son las consecuencias. Vuelves, tarde o temprano, a la realidad... Son muchos años ya. Yo no podría vivir así más tiempo… no sé como lo consigues... Prefiero pensar que soy tu vacuna, que lo nuestro no será baldío, que habrá servido para algo, que cuando vuelvas a sentirte atraído por una mujer sabrás perfectamente, y de lejos, dónde están los límites…
- Mira, en estos años, desde que me he casado, creo que ha habido alguna mirada furtiva con alguna mujer que se ha cruzado en mi camino, un par de guiños de riesgo, tres muescas de atrevimiento, pero me parece que he sido bastante seco, parco, e incluso borde… Parece que tu vacuna ya estaba en pleno apogeo, incluso antes de ponérmela, no quería empezar ni sugerir, ni imaginar ni sentir… y me alegro, porque la caída es tan dura que las ganas de trepar por paredes enredadas se me quitan de golpe...
- ¿Ves como en el fondo hay amor en tu matrimonio? En cambio, tu estado de enamoramiento es más parecido al cacao instantáneo, dulce y en polvo que se lleva el viento…y creo que esta mezcla genera en tu interior situaciones ambiguas donde abres tu corazón, quizás en exceso, buscando esa chispa, esa química, que por la razón que se sea, y en un contexto determinado, te atrae de otra persona…
- Deja de desviar la atención, Julia… ¿Por qué no dejas de hablar de mí y expresas lo que realmente sientes…?
- …Está bien… Vamos a ver, David, soy fuerte y creo que puedo seguir como estoy, sola, más tiempo; pero también me gustaría tener hijos, verlos crecer; me estoy haciendo algo mayor ya... no puedo estar esperando toda la vida…

Pero tampoco puedo olvidarle. Me quedo callada, pensativa, una vez más... Mi cara sigue expresando una profunda preocupación. Vivir entre aguas y rocas, entre fe y razón, me ha atraído... Sin embargo, sé que me enfrento ahora a la decisión de elegir. Supongo que no soy la primera que pasa por esto…Pero delante de él, es complicado, la verdad…

- ¿No entiendes lo difícil que es para mí?
- Por supuesto Julia, es muy importante tú decisión… Pero cuando la tomes, sea la que sea, no te permitiré volver atrás. ¿Lo comprendes?
- Creo que sí, no aceptarás postales desde el infierno…
- No las leeré...
- Y tampoco me dejarás enviarlas desde aquí, si te quedas conmigo...
- No tendrás oportunidad...

David está de pié, observando el valle, con la mirada pérdida, parece que queriendo almacenar en su memoria todas las sensaciones que está experimentando…

- Confieso que he estado meditando esta tarde sobre estos últimos meses, y el hecho, casi sobrecogedor para mí, de que nadie sabe de mi lucha interna… No he tenido todavía el valor de hablarlo con Marta, desde luego, pero me sorprende más que no se me haya escapado con algún amigo... Ningún momento de debilidad... Comienza a rondar por mi cabeza el calado de mis amistades... ¿Qué clase de amigo es el que convive con una situación así y no la confía? Han pasado por delante de mí las imágenes de un puñado de mis mejores amigos, de esos por los que daría media vida... Y los veo en sus rutinas, con sus problemas, sus diarios ajetreos, lejos de una historia como la que yo estoy viviendo... Me pregunto si soy un buen amigo... Me consuelo al pensar cómo puedo pedir consejo sobre algo que ni yo mismo entiendo... Pienso que si se enterasen, me pondrían de vuelta y media, aunque quizás a la larga me entenderían...
- Quizás… Pero en el fondo sabes que no estás siendo sincero… Es un buen principio, para comenzar a rectificar, y pronto… Quizás seas sólo otro hombre más que quiere dar el salto de una flor a otra… Que no tiene la fuerza necesaria para terminar una relación antes de comenzar la siguiente. Tenemos que acabar con esto, David.
- Me da miedo cuando lo dices tan claro…
- No sé disimular…
- Te escucho…
- No voy a dejar que te quedes. La decisión está tomada.
- No hay nada cuando tu no estás, Julia. Se me nubla la vida. Estoy solo en esto…
- No hay nada que puedas hacer ni decir, David.
- Hay mucho todavía…
- No quiero que te quedes, eso es todo.
- ¿Así de fácil?
- Espero que me creas, de fácil nada… es la disyuntiva más difícil de toda mi vida… Te quiero… Te quiero muchísimo… Pero no puedo más...
- No puedes ¿Qué? ¿Después de todo lo que hemos pasado, vengo a decirte que he tomado la decisión de dejar a mi mujer, y me respondes así?...
- No puedo decirte otra cosa, te respondo como lo siento. Ya hemos hablado antes de que pudiéramos estar amando y estar enamorados al mismo tiempo, y yo creo que eso es posible, no me gusta pero lo entiendo, es muy cómodo y poco responsable; pero también entiende que es posible amarte, estar enamorada de ti y querer que te vayas, querer que salgas de mi vida...
- ... Así que al final dejas correr el agua...
- Precisamente...
- Mira Julia, cuando hablas del agua que realmente estás buscando... Vuelves al primer día que nos encontramos después de lo de tu madre. ¿Te acuerdas? Me llamaste cuando volvías de uno de tus viajes al sur, y nos vimos en la playa...
- Cómo no me voy a acordar... Fuiste mi tabla de salvación en el naufragio...el agua me salvaba del agua…no sé de cuál de las dos prefiero morir ahogada…
- …Estabas en aquello de que la fe era lo único que te quedaba, que dar testimonio era tu única misión en la vida, y que te quedaba poco para recluirte en el convento... Tenías una depresión de caballo, y ahora vas camino de repetir... No hemos avanzado mucho...
- Perdona, pero ahora es diferente...
- Esa es otra vía de escape… Te acabo de decir que te quiero. Que quiero empezar de cero contigo. Que quiero darte todo lo que tenga...
- No puedes darme todo lo que necesito, David. Has hecho mucho, pero lo tengo claro. Tú no puedes dármelo todo… Es imposible… Y no es que crea que no lo intentarías, ni te infravaloro, es que lo que yo necesito no está en tus manos...
- ¿Qué falta?
- No lo sé. Si lo supiera te lo diría. Pero sé que no puedes.
- Tocado, otra vez...y casi hundido. No eres justa.
- Lo siento, no he querido hacerte daño.
- Lo has hecho sin intentarlo…
- Esa frase ya me la han dicho antes.
- Por algo será...
- Por algo será, sí.

La tarde ha caído ya. El color ocre domina la situación, inunda los rincones, abrocha las copas de los árboles con un cinturón invisible, que los hace parecer sólo uno. Los pájaros comienzan a buscar sus recónditos cobijos de cara a una fría noche, y unos pocos vencejos componen una sinfonía de vuelos rasantes sobre el camino, ya casi irreconocible. Va a llover... cuando vuelan a menos de medio metro de altura, es porque la comida está allí, y es que ante la tormenta los insectos buscan protección a baja altura, es inevitable... Y gotas atrevidas de lluvia serena comienzan a salpicar el suelo, y tímidas lágrimas surgen de la mejilla de David… y de la mía. El dolor parece muy profundo, muy interior… Quizá la historia más difícil de nuestra vida llega a su fin… Lo ha intentado, lo he intentado... Pero estoy segura de que empieza una nueva vida para él… Una vida nueva… Yo también lloro... Son lágrimas de sufrimiento, pero también de amor, de que todo termina por fin, y es que me siento satisfecha de la decisión tomada... Volveré a empezar, esta vez desde el principio, con las ideas más claras. Y esta vez lo daré todo. Otra vez.

Quizá sea la lluvia, quizá la intrépida oscuridad, pero da la sensación de que ya ha anochecido. Comenzamos a mojarnos, aunque ni siquiera nos damos cuenta. David se acerca a una maleta lateral que tiene su vieja Yamaha, y recoge un paquete que me entrega; está dentro de un sobre y atado con una fina cuerda. Nuestras miradas se cruzan, y las manos se entrelazan fuertemente. Nos acercamos y nos besamos, por un tiempo indeterminado para ambos, y para todo aquel que haya podido contemplar la escena… Mi mente viaja a aquella noche, donde David comenzaba con su mano derecha en mi cadera, con las yemas dándome calor donde ya no hacía falta, con vértigo al subir y decepción al bajar, sin atreverse a entrar porque su mano era muy cerebral, y ya sabía que las cosas buenas no eran para disfrutarlas, sino para escribirlas y soñarlas…y pasaba su mano izquierda por mi nuca, acariciándola como si fuera un pincel y mi cuello un lienzo, mientras yo notaba su olor, como un campo de flores en un día de lluvia de primavera, fresco, limpio...y su sabor, a fresa ácida envuelta en miel…y sus labios, bocados de un pecado que santificaba…Y ahora cierro los ojos, disfruto de este último beso que no quiero que se acabe nunca, y me pregunto quién me va a dar otra vez un beso así… Lo último que me dice es que no piensa en otra cosa que no sea en mí… Pero que si yo lo doy por zanjado, el también. No volverá a llamarme. Nunca… Sin decir una palabra más, David se sube en su motocicleta, se pone el casco, los guantes, la arranca y se marcha a través del camino…

Yo permanezco de pie llorando, abrazada a su regalo… Algo nerviosa, voy lentamente andando hacía la casa, metiendo a mi paso los pies en pequeños charcos que se han empezado a formar, sin apenas darme cuenta, empapándome los pies…No estoy allí… En el mismo zaguán me apresuro a abrir el envoltorio. Parece el borrador de un libro, que aparenta tener las hojas marcadas con multitud de notas y correcciones hechas a mano. Ya no tengo de cómplice a la lluvia, lo que no me impide seguir llorando... Me dirijo a mi cuarto, y decido darme un largo y relajante baño de agua caliente y espuma, donde todo el día pasa por delante de mí, como si se tratase de una película, de una sucesión de cuadros, de un sueño inimaginable... Con curiosidad por empezar a leer me pongo un camisón limpio, me meto en la cama, ajusto almohadas y almohadones a mi espalda y por debajo de mis brazos, enciendo la luz de la mesilla, y me dispongo a empezar el libro, que huele a él desde la portada... El título es un buen gancho para continuar leyendo, ya me veo en él… Lo primero que leo es la dedicatoria, que está escrita con una letra casi irreconocible, pero de trazo sólido y seguro:

“Julia, estés donde estés, cuídate. El comienzo de cada párrafo, cada línea, cada palabra de este libro, ha sido como nuestra amistad: indeterminada, inesperada, pero ilusionante, como el anochecer que hubiera deseado a tu lado: agradable, fresco y gratificador. Sé que algún día necesitarás a alguien a tu lado, sé que alguien ha nacido para ocupar ese inmenso hueco que la humanidad entera no es capaz de adivinar... El que llegue y diga que te quiere, pídele que te ame más de lo que yo lo hice... El que llegue y diga que escribe poesía por ti, pídele que escuche antes tu voz... El que llegue y diga que pinta inspirado por ti, pídele que mire antes a través de la luz de tus ojos... Aunque un millón de kilómetros nos separen, aunque todo el mundo se interponga entre nosotros, aunque las rosas no crezcan, siempre estaré a tu lado, siempre estarás a mi lado, siempre podrás tocarme, siempre podrás sentirme, siempre podrás hablarme… porque allí donde estés, porque allí donde esté, una imagen presidirá tu mente, una imagen inundará la mía. Aunque ella decida no soñar nunca más, él ha decidido seguir soñando... Ella roca, él agua…”

Suena el teléfono…

- ¿David, pero qué haces? Estás loco...
- ¿Has empezado a leer ya? ¿Qué te parece?
- Eres incorregible…
- No te preocupes, Julia, el mensaje lo he recibido...Alto y claro…Sólo te pido que me des unas semanas para organizar mis ideas, dame algo de tiempo por favor, pero no dejes de leerme…
- De acuerdo, nos damos un tiempo…
- Cuídate
- Tú también…un beso.
- Otro.

F I N (pero no olvides el Epílogo)

© Copyright 2008 - John Keating

viernes, 4 de enero de 2008

9.- Idas y venidas

Acercamos unas cómodas sillas de madera, con almohadones forrados de tela blanca, alrededor de una mesa que ya antes de comenzar a comer invita a la conversación, a la tertulia, a la amistad. La luz es todavía intensa. Sin embargo la protección natural que proporciona una vieja parra, incluso con pocas hojas todavía, facilita el no tener que usar gafas de sol para sentarse cómodamente a su alrededor. La brisa se detiene ligeramente, poco a poco, casi pidiendo perdón mientras se atenúa. La naturaleza brinda una de esas múltiples oportunidades de disfrutar de su sonido, de su olor, de esa sensación que produce el sentirse en íntimo contacto con ella.

Ya con Isabel sentada a la mesa retiro el papel húmedo que cubre la paella, y se la acerco, apoyándola en una piedra próxima, porque el tizne adherido a la parte inferior del recipiente recomienda no rozarla siquiera... Asida con ambas manos, la presento con cara de falsa humildad, con profunda satisfacción. El aspecto es inmejorable, el grano próximo al borde se presenta recortado, algo más hecho, casi frito; el color es uniforme, entre naranja y amarillento, con los trozos de carne resaltando del conjunto. Comienzo a revolverlo y mezclarlo, con ánimo de reducir aún más las diferencias de textura entre las diferentes zonas del plato. A pesar de toda la práctica cosechada durante muchos años y el invernadero de periódicos húmedos, el arroz de la parte superior, por efecto de fuego irregular en alguno de los lados, puede estar hecho de forma desigual. Mezclando todo el conjunto aseguro un reparto justo y que todos saboreemos el mismo arroz. Voy sirviendo generosas raciones. Al hacerlo, me doy cuenta de que está en su punto. Y lo sé, no por el color, que también, ni por el tamaño, que también, ni por el olor, que también, sino por cómo cada grano se desliza sobre los demás. No hace falta probarla. El sabor está más que calculado por la cantidad de cada ingrediente añadido, y por las múltiples pruebas del caldo mientras se alcanza la esencia buscada minutos atrás; la dificultad es el punto del arroz...

- Tenemos que ir subiendo en años de vino, poco a poco... Espera un momento, que bajo a la bodega. Tengo algo especial preparado. He abierto una botella que se está aireando desde hace un rato...
- Bueno, bueno... Esperaré... No le vendrá mal a la paella unos minutos de reposo más...

Me levanto rauda, creo que con ilusión en la expresión de mi cara, mientras Isabel permanece sentada, mirándome entre risas y sonrisas, entre cariño y amor, entre sorpresa y admiración. Tratamos de cuidar los detalles, poner el alma en las cosas, y al final creo que animamos la vida. Vamos a por ella, y hace tiempo que hemos dejado de esquivarla. Disfrutamos como niñas. Conversamos como adultas. Comemos sin prestar aparente atención a las formas. Comentamos con interés. Opinamos sobre lo divino y lo humano. Reímos. Y a veces hasta lloramos. El día acompaña. La luz comienza a relajarse, y nosotras con ella. Las discusiones son ahora menos directas, y las dos respetamos algo más la opinión de la otra. Quizá el efecto de la comida, o el vino, tranquiliza el ánimo, relaja el ambiente. Como esperaba, compartir paella y vino nos une más, si cabe, y nos encontramos la una en la otra, con multitud de sentimientos comunes que hasta el momento quizás no nos habíamos atrevido a compartir con casi nadie. Damos cuenta también de buenas raciones de ensalada, y hasta mojamos con pan para saborear aún más lo bien aliñada que está: la sal al principio, para conseguir un buen contacto, antes de que los líquidos aíslen los ingredientes con una frontera invisible, pero inaccesible para aquélla. Le sigue el vinagre, más alegre, distribuyendo la sal por el conjunto, colándose por todas las rendijas; a continuación el aceite, más egoísta, pero también más abundante, el que no dejaría a ninguno de los otros dos atravesar la frontera viscosa, y que nos privaría de un sabor tan habitual como exquisito.

Nos quedamos por un rato calladas... La conversación no es sólo una excusa para mantenernos juntas, sino que aporta conocimientos de una a la otra, una vez más, sembrando amistad, creciendo en humanidad. Voy con Isabel hacia la casa. Aprovechamos para subir platos, fuentes y cubiertos, pistas y huellas de un auténtico homenaje a la gastronomía, al arte de compartir. Vamos comentando lo bueno que ha resultado todo. Recordamos las conversaciones, las bromas, sin querer abrir nuevas vías. A ratos, silencios que hablan. A ratos, miradas que recitan. A ratos, gestos que delatan.

Damos cuenta de los cafés, y repetimos postre, y rebañamos la fuente, y tomamos una segunda ronda... La comida ha terminado, pero seguimos hablando, de lo posible y de lo imposible, de historias de amor y de odio, de aventuras y desventuras. La todavía soleada tarde comienza a cerrar, pero la luz sigue siendo mágica… El color de la hierba, el de las montañas, el del valle entero ha cambiado por completo. La noche anuncia a lo lejos su presencia, silenciosamente, con timidez. Empieza a refrescar.

- ¿Qué vas a hacer, Julia?
- No sé si tengo muchas alternativas, la verdad…
- Depende de ti…
- No tengo ni idea. Tengo un conflicto interno que no me deja pensar con claridad, aunque hablar de esto me está ayudando a organizar mis ideas...
- Mira, no trato de dar lecciones a nadie por mi separación, ni siquiera a mí misma. Imagínate, todavía no soy capaz de convencerme de que éste no ha sido el gran fracaso de mi vida... Pero soy bastante radical y escéptica al mismo tiempo, lo reconozco…

Isabel cree que, como cuando arrancas un árbol del bosque, las consecuencias de una separación nos sobrepasan, no se limitan al yo y al nosotros…. Es muy consciente de que en la vida las tentaciones nos acechan a todos, y que si alguno piensa que está libre de caer, o tropezar como poco, tampoco percibe la realidad de forma clara. Pero, en cada ocasión, valora que lo importante es saber de qué ladera de la montaña estamos: cruzarla, aunque sea por un puerto, un día, implicaría que nos moveríamos a partir de entonces en un nuevo entorno: sur o norte, este u oeste. Pero cree que no podemos ser tan ilusos de pensar que podemos mantenernos en el mismo sitio, simplemente reemplazando nuestra pareja por otra persona, como si cambiásemos de coche, de casa o de perro.

- Julia, es la separación artificial, casi consumista la que me saca de mis casillas, y es que creo que hace un daño terrible, pero sobre todo a los interesados: no hay vencedores ni vencidos en una separación de ese tipo, todos pierden, incluso los que no juegan. Y esa ha sido la que me ha tocado vivir a mí, una separación de diseño….
- Es posible, quizás me ayude verlo desde ese ángulo…
- No estoy segura de que lo haga…Hasta que no lo vives no sabes lo que es... Sinceramente, creo que tu situación es honesta, es la de la mujer ansiosa de enamorarse de un hombre que merezca la pena, tu listón está muy alto, la edad te hace ser exigente, y creo, la verdad, que esa presión ha hecho que últimamente te atraigan hombres difíciles, situaciones complicadas, sueños irrealizables...
- Pues sí…Es casi enfermizo, pero en fin... Seguiremos... Alguien habrá ahí fuera esperando... Ya te he dicho que cada vez sé menos de esto... ¿Otro café?
- ¿Qué piensas?
- Qué más da.
- No te parece una amistad pasajera... ¿Verdad?
- La verdad es que no... y lo peor es que podría haber sido la definitiva... Pero no le he dado ninguna oportunidad. Simplemente no puede ser...
- Yo creo que estáis muy enamorados…. su sentimiento se lee entre líneas, y el tuyo, en tus ojos y en tu voz…. Pero creo que tienes que dar un paso más, buscar el amor de verdad… La chispa desaparecerá, antes o después, y comenzará la monotonía del día a días, las discusiones, los disgustos, los retos, los problemas…y entonces, sólo quererle te salvará, y hará que cada problema sea una oportunidad, que cada reto se convierta en una aventura, cada disgusto o discusión, será sólo un pequeño bache, y las reconciliaciones serán momentos mágicos…
- ¿Crees que hay solución, Isabel?
- En cierta manera…creo que sí. En un par de meses he aprendido mucho de ti, Julia. Eres una mujer excepcional, hay pocas como tú. Estoy orgullosa de ser tu hermana Y creo que saldrás adelante...
- ¿Sabes? Él me hablaba así. Era duro a menudo, y si le pedías opinión, mucho más…

La pausa la hago yo ahora, porque no puedo pronunciar ni una palabra más sobre él sin hundirme del todo...estoy virtualmente al borde del precipicio, siento la altura del miedo pero sin riesgo alguno, me atrae esa vista…

- Y dime, eso que ves dentro de mí, ¿No será parte del problema?
- Está claro que te sales de la norma, eres un carácter, muy exigente y además con fuertes contradicciones... Pero eres buena, a pesar de todo lo que piensas que has podido hacer o decir. Por muy lejos que hayas ido con David, creo que no has hecho más que seguir tus sentimientos… - Y los suyos, por lo que puedo decirte...
- Dicen que es muy difícil cambiar el guión de un libro cuando ya lo has empezado…
- ...Creo que tienes razón... Pero es que necesito saber más... Busco algo más... A veces soy capaz de verlo claro y me levanto, aunque no por mucho tiempo... Me reincorporo al cabo del rato... Pero vuelvo a caer...
- Lo descubrirás... Sigue buscando... Estás acariciando la verdad, Julia... Sigue pensando... Sigue buscando dentro… Creo que ya te lo han dicho antes…. Y por escrito....

Isabel se levanta de la mesa. Se acerca y me abraza con profunda fuerza y ternura invisible, en una sincera muestra de cariño y comprensión… abrazadas, todavía las dos llorando, me susurra al oído…

- Julia, creo que voy a marcharme a casa. Tengo que seguir con mi vida, y por aquí veo que lo tienes todo bajo control... Me ha encantado pasar estas semanas contigo, de verdad… Creo que tienes mucho que hacer todavía por aquí... Me has convencido.
- ¿Pero de qué? Si no hago más que dar tumbos…
- De la vida, del alma que llevas dentro, de todo lo que puedes hacer, de lo que debes dar aún, del tremendo potencial que tienes... Creo que tienes mucho en qué pensar todavía... Espero que la decisión que tomes, sea cual sea, te haga muy feliz. Aunque no sirva para mucho, yo estaré cerca… Llámame si hay novedades, por favor.
- Te quiero mucho, Isabel. Muchas gracias...

Al cabo de unos minutos baja con su impecable bolsa de viaje y se dirige al todo-terreno. A mitad de camino, antes de llegar a la carretera y pasando a la altura del arroyo, su imagen comienza a difuminarse hasta que desaparece completamente. Isabel vuelve a casa, a su soledad. Estaremos sólo a unos kilómetros de distancia, y cuando yo vuelva a Arenzana, si es que vuelvo algún día, a sólo unos cientos de metros, pero nunca estaremos tan cerca como estas semanas… Y vuelvo a llorar, claro.

Ya he comenzado a recoger la cocina. Tan sumergida estoy en mi obra, tan lejos de este lugar, tan inmersa en mis recuerdos, que apenas escucho el sonido de una moto que está a punto de acceder al camino de tierra que conduce a nuestra casa... Alertada y curiosa por el sonido, me asomo de nuevo, reconociendo a David…ha detenido unos segundos su marcha, unos metros antes de abandonar la carretera…parece que duda, o quizás sólo se ha parado a observar la imagen: una casa solariega rodeada de árboles ancianos, entre los pocos rayos de luz que quedan y los sonidos de los pájaros que aprovechan las corrientes de aire, entre el pueblo y la montaña, entre el mar y el campo, entre la tierra y el cielo... La imagen parece extraída de una postal... Finalmente, David se decide, se baja la visera, aprieta el embrague con la mano izquierda y mete primera con el talón del pie, repitiendo un gesto característico suyo, y gira en dirección al pedregoso camino, de apenas unos cientos de metros, que después de un par de curvas y el cruce de un arroyo, enfila hacia la casa.

Mientras David para el motor, se quita los guantes y el casco - desabrochándose el botón superior de la cazadora negra que tanto me gusta, que tanto he envidiado siempre - siento una excitación acobardada por enfrentarme a él, creo que paralizada por la ilusión de volver a verle... Me pregunto si es realmente consciente de qué es lo que hace en San Vicente… Pero la realidad es única: David está aquí, ese es el hecho. Y otra, después: que comienza a caminar hacia la casa…Está es más grave todavía. Las dos realidades, una pasiva y otra activa, una estática, mientras que la otra dinamiza la sangre… Vuelvo a pensar. Creo que los dos al mismo tiempo. Los acontecimientos se han precipitado y no hay ya mucho tiempo para la reflexión ni para el análisis. Bajo las escaleras despacio, pero segura de lo que estoy haciendo, y de mi decisión... David, inmóvil, observando la casa. Estoy contenta de verle, aunque intrigada, ya que, en el fondo, todavía no sé por qué no puedo comenzar una relación estable con él, que es por otra parte, lo que realmente estoy necesitando… Y más ahora… Me siento muy a gusto en su compañía… No tengo que pensar, no tengo que fingir, ni seguir siendo coherente, ni mantener estrategias preconcebidas que ya empiezan a darme dolor de cabeza... A veces pienso que estoy rodeada de personas que quieren que tome la decisión opuesta a la que yo necesito...

Ya los dos en la puerta de casa, nos miramos mutuamente, sin pronunciar palabra alguna. Y luego sólo es un abrazo, pero damos mucho en él. Recuperamos las esencias de nuestra amistad, nuestros olores, nuestro tacto. No hablamos. Sólo nos sentimos el uno al otro, cómo deseábamos haberlo hecho desde meses atrás, entrelazados, dónde nadie podría discernir si somos amigos o algo más. Nuestros pensamientos viajan hacia aquel pasado, hacia los momentos vividos juntos, hacia las ayudas ofrecidas, hacia las cartas escritas, hacia el sentimiento de amistad más profundo que jamás habíamos sentido en nuestras vidas…Este sentimiento que sabría pintar, una y mil veces, pero nunca escribir…

- ¿Cómo estás, David?
- Ahora mejor... Cuando venía de camino, mal.
- Pero que morro tienes...
- Ya lo sabes… ¿Te sorprende?
- De ti ya no me sorprende nada, o me sorprende todo... Eso es lo que me gusta….
- Perdona si me he colado sin avisar…
- Sabes que estás en tu casa… Eres mi mejor amigo, así que déjate de excusas…Nos parecemos…
- Eso es lo malo, hija mía...
- Bueno, yo no creo que sea tan malo... Lo malo es que quieras y no quieras, que enamores y que no te enamores. Ese es el problema.
- Yo estoy enamorado…
- Es lo que dices, pero no te creo...
- Bueno, pues eso es de lo que te quería hablar...
- Pues habla... Te escucho...
- No tiene sentido toda esta historia… Todos estos meses… Voy a dejar a Marta…
- Estás loco, David…
- Ya lo sabes...
- No puedes cambiar ni echar a perder tu vida de la noche a la mañana…
- No pierdo nada, porque no hay nada. Cuando tú estás lo que cambia es mi vida, pero del negro al blanco.
- No sabes de lo que hablas… … Soy sólo un capricho, David…
- Sí, pero para toda la vida...
- Pues no puede ser… No te puedes ni imaginar por lo que estoy pasando… Pero era sólo cuestión de tiempo… Todo final tiene que llegar, y el nuestro está aquí...
- Yo no estoy tan seguro… Las cosas cambian, aunque sea de tarde en tarde... Incluso cuando crees que sabes el final de un libro, el escritor te cambia los esquemas…
- Esto no es un libro: somos tú y yo…

© Copyright 2008 John Keating