martes, 28 de julio de 2009

Jorge viaja a Oxford


Desde muy pequeño, me pirra la sensación de terminar los cursos antes de disfrutar las vacaciones de verano. Nunca he sido un alumno brillante, de hecho normalmente estaba más cerca del cinco que del diez, pero siempre he tenido una máxima: acabar los cursos tratando de no dejarme nada para septiembre... A trancas y barrancas lo conseguía, incluso durante la carrera (excepto en tercero, que me quedó un parcial de Estadística, que me hizo morder el polvo y demostrarme en vivo el por qué de tan buena costumbre)... La paranoía llegó en sexto, donde me propuse acabar el curso con la mili, trabajando de becario, completando el proyecto fin de carrera y hablando inglés..Todo para comenzar a trabajar en septiembre...O al menos estar en condiciones de hacerlo...En el año 1989 os aseguro que el paro en ingeniería era de los que hacen que te tiemblen las piernas... Aquello sí que eran crisis...

El caso es que me llama Jorge a mediados de julio:

- Juan, te vas a Oxford todo el mes de agosto...Tus objetivos vuelven a cumplirse...
- Jorge... ¿De qué narices me hablas?
- Juan, que te vas...Que tengo el curso comprado, los billetes sacados, no puedo irme...Y no me devuelven el dinero... ¿Te puedes ir por mí?
- Capullos de guionistas...
¿Cómo dices Juan?
- Nada, que cuándo salgo...

Me fui a Oxford un mes, y me lo tomé en serio. Estudié inglés rodeado de españoles: es posible. Pude visitar a VBB en Bath... Sólo había un problema: todo el mundo me llamaba Jorge. Mi título me lo entregarón a nombre de mi mejor amigo, y en el aeropuerto de Gatwick me llegaron a cachear, abrir la maleta, casi hasta hacerme un roto...pero nunca comprobaron que el pasaporte y el billete estaban con nombre diferente... Los guionistas rebañando en su propia suerte...

El caso es que a primeros de septiembre pasé el test de inglés en una estupenda empresa con sede en la costa mediterranea, me ofrecieron un trabajo, y al cabo del año, como hablaba inglés ¿?, me mandaron un año a Nueva York... Y desde ahí ya sabéis el resto...

En este caso, sí que sé a quién tengo que darle las gracias: a mis amigos Jorge y a Ana...Por muchas cosas que ya os contaré, pero hoy, por enviarme a Oxford en el año 1989. Cuánto os debo, pareja.

4 comentarios:

Ana dijo...

¡Y todos estos años han pasado y yo sin acordarme de que nos debías una!
De haberlo sabido... habría ... o quizás sino...
Son las cosas del destino, ¡aquello estaba hecho para tí! Jorge Keating.
¿Adónde ibas a ir tú sin saber inglés, si no habías pasado del "my tailor is rich"?
Nosotros sabíamos dónde estabamos echando la "semillita" (¡todos nuestros ahorros ca...!), tú la regaste y mira el fruto que ha dado.
Seguro que Mónica tenía otros planes para el verano del 89 y nosotros le hicimos la pascua.
¿Cuándo brindamos por lo bien que salió todo?
Besos, Ana.

Anatxu dijo...

Caramba¡¡¡¡ pues la semilla dió frutos a todos....
Quién ,si no, me enseñaría a conducir un coche sin marchas??? o darme la oportunidad de viajar al país de la magia y ver a Peter pan???
O perderme en el desierto del mar de palmeras donde su cumbre ofrece el mejor arroz de este planeta??
En fin, nunca supe, hasta ahora, que era a jorgeana a quién tenía que dar las gracias....
Desde aquí y con todo mi cariño...Gracias pareja
Ese año fue muy intenso¡¡¡

John Keating dijo...

Anan...Brindamos dentro de poco...Me ha encantado la entrada de Jorge (en su blog, me refiero, que aquí hay mucha lagarta que enseguida etiqueta... :-)

Anatxu...Esto es como la cadena de favores...Tengo una teoría...Cuantos más haces, más te hacen...Es un ejericio de suma cero..Lo tengo probado...Así que pedirme otro favor, que os lo hago ya... :-)

Jorge dijo...

Anatxu, tengo mis dudas con respecto a tu comentario sobre el mejor arroz. Tengo un amigo que dice ser el mejor o al menos hace una perfecta descripción de como hacerlo con leña de naranjo. También conozco a un tipo que es el mejor arrocero de Münster, aunque eso no es dificil.
Un abrazo.