
Desde muy pequeño, me pirra la sensación de terminar los cursos antes de disfrutar las vacaciones de verano. Nunca he sido un alumno brillante, de hecho normalmente estaba más cerca del cinco que del diez, pero siempre he tenido una máxima: acabar los cursos tratando de no dejarme nada para septiembre... A trancas y barrancas lo conseguía, incluso durante la carrera (excepto en tercero, que me quedó un parcial de Estadística, que me hizo morder el polvo y demostrarme en vivo el por qué de tan buena costumbre)... La paranoía llegó en sexto, donde me propuse acabar el curso con la mili, trabajando de becario, completando el proyecto fin de carrera y hablando inglés..Todo para comenzar a trabajar en septiembre...O al menos estar en condiciones de hacerlo...En el año 1989 os aseguro que el paro en ingeniería era de los que hacen que te tiemblen las piernas... Aquello sí que eran crisis...
El caso es que me llama Jorge a mediados de julio:
- Juan, te vas a Oxford todo el mes de agosto...Tus objetivos vuelven a cumplirse...
- Jorge... ¿De qué narices me hablas?
- Juan, que te vas...Que tengo el curso comprado, los billetes sacados, no puedo irme...Y no me devuelven el dinero... ¿Te puedes ir por mí?
- Capullos de guionistas...
¿Cómo dices Juan?
- Nada, que cuándo salgo...
Me fui a Oxford un mes, y me lo tomé en serio. Estudié inglés rodeado de españoles: es posible. Pude visitar a VBB en Bath... Sólo había un problema: todo el mundo me llamaba Jorge. Mi título me lo entregarón a nombre de mi mejor amigo, y en el aeropuerto de Gatwick me llegaron a cachear, abrir la maleta, casi hasta hacerme un roto...pero nunca comprobaron que el pasaporte y el billete estaban con nombre diferente... Los guionistas rebañando en su propia suerte...
El caso es que a primeros de septiembre pasé el test de inglés en una estupenda empresa con sede en la costa mediterranea, me ofrecieron un trabajo, y al cabo del año, como hablaba inglés ¿?, me mandaron un año a Nueva York... Y desde ahí ya sabéis el resto...
En este caso, sí que sé a quién tengo que darle las gracias: a mis amigos Jorge y a Ana...Por muchas cosas que ya os contaré, pero hoy, por enviarme a Oxford en el año 1989. Cuánto os debo, pareja.